lunes, 24 de diciembre de 2012

LAS INDULGENCIAS



Con motivo de celebrarse el “Año de la Fe” promulgado por su Santidad el Papa Benedicto XVI, desde Octubre 2012 a Noviembre 2013, me pareció oportuno dar a conocer esta hermosa tarea-misión que tiene La Iglesia Católica y no siempre es bien explicada y comunicada a los fieles cristianos católicos.
Las indulgencias están estrechamente ligadas al sacramento de la Penitencia o Confesión; lo explica muy bien el Catecismo de la Iglesia Católica desde hace ya 20 años. En el N° 1464 leemos: “Los sacerdotes deben alentar a los fieles a acceder al sacramento de la Penitencia y deben mostrarse disponibles a celebrar este sacramento cada vez que los cristianos lo pidan de manera razonable”
N° 1465:”Cuando celebra el sacramento de la Penitencia , el sacerdote ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca a la oveja perdida, el del Buen Samaritano que cura las  heridas, del Padre que espera al Hijo Pródigo y lo acoge a su vuelta, del justo Juez que no hace acepción de personas y cuyo juicio es a la vez justo y misericordioso. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador”
N° 1466: “El confesor no es dueño, sino el servidor del perdón de Dios. El ministro de este sacramento debe unirse a la intención y a la caridad de Cristo. Debe tener un conocimiento probado del comportamiento cristiano, experiencia de las cosas humanas, respeto y delicadeza con el que ha caído; debe amar la verdad, conciencia hacia la curación y su plena madurez. Debe orar y hacer penitencia por él confiándolo a la misericordia del Señor.
LOS EFECTOS DE ESTE SACRAMENTO
N° 1468 “Toda la virtud de la penitencia reside en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une con El con profunda amistad”. El fin y el efecto de este sacramento son, pues, la reconciliación con Dios. En los que recibe el sacramento de la Penitencia con un corazón contrito y con una disposición religiosa, “Tiene como resultado la paz y la tranquilidad de la conciencia, a las que acompaña un profundo consuelo espiritual” (Concilio de Trento, DS 1674) En efecto, el sacramento de la reconciliación con Dios produce una verdadera “resurrección espiritual”, una restitución de la dignidad y de los bienes de la vida de los hijos de Dios, el más precioso de los cuales es la amistad de Dios (Lc.15,32).
N° 1469 “Este sacramento reconcilia al penitente con la Iglesia. El pecado menoscaba o rompe  la comunicación fraterna. El sacramento de la penitencia la repara o la restaura. En este sentido, no cura solamente al que se reintegra a la comunión eclesial, tiene también un efecto vivificante sobre la vida de la Iglesia que ha sufrido por el pecado de uno de sus miembros (1 Cor.12,26). Restablecido o afirmado en la comunión de los santos, el pecador es fortalecido por el intercambio de los bienes espirituales entre todos los miembros vivos del Cuerpo de Cristo, estén todavía en situación de peregrinos o que se hallen ya en la patria celestial.
QUE SON LAS INDULGENCIAS
“La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las santificaciones de Cristo y de los santos”.
“La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente”
“Todo fiel puede lucrar (ganar) para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias”
LAS PENAS DEL PECADO
N° 1472. Continuando la lectura del Catecismo de la Iglesia Católica y “Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por eso nos hace incapaces de vida eterna, cuya consecuencia se llama la “pena eterna” del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña  apego  desordenado a las criaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de las muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama la “pena temporal” del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecador, de modo que no subsistiría ninguna pena.
N° 1473 El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entraña la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegado el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del “hombre viejo” y a revestirse del “hombre nuevo” (cf  Ef 4,24)
OBTENER LA INDULGENCIA DE DIOS POR MEDIO DE LAS IGLESIA
N° 1478 “ Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene en  favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. Por eso la Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad”.
N° 1479 “ Del Catecismo de la Iglesia Católica; puesto que los fieles difunto en vía de purificación son también miembros de la misma comunión de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas , obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados.”
Cada Obispo en su Diócesis y de acuerdo a su realidad designa las actividades en torno a las indulgencias. Por lo pronto, nuestro Vicario Castrense Mons. Pedro Cándia nos envió un informe donde nos invita a adherir a las indulgencias plenarias por uno y por un familiar difunto:
-          Visitando como peregrino la Basílica de Lujan, confesando los pecados y participar en una misa.
-          Visitando igualmente la Catedral Stella Maris, sede del Vicariato Castrense frente a los tribunales de Comodoro Pi en Retiro, participando en misa y acercándose al sacramento de la confesión.
-          Participar por lo menos en tres sesiones de charla u conferencia sobre el Documento del Vaticano II, cuyo cincuentenario de su promulgación celebramos.
Como vemos, tenemos todas las posibilidades de poder experimentar el amor y la misericordia de Dios Padre dispensada por nuestra Madre y Maestra la Iglesia para nosotros y nuestros seres queridos difuntos. Que este tiempo de preparación inmediata a la Navidad de Jesús y ya cercano el inicio del nuevo año nos encuentre pensando en nuestra trascendencia como hombres e imitando la vida humilde de tantos santos y santas que nos precedieron en nuestro peregrinar en la fe, como nuestro querido Cura  Brochero  recientemente beatificado.
                                                                                                                          p. Oscar

lunes, 17 de diciembre de 2012

CUIDAR Y SER CUIDADOS



Una realidad de la que nunca se habla y todos en algún momento pasamos por esto, sea personalmente, o cuando nos toca de cerca con un familiar o algún amigo, estamos hablando de LA ENFERMEDAD. Por eso el título, de este texto  ¿Qué actitudes tenemos que tener ante una vivencia de este tipo?
                Dios mismo es quien nos cuida. El profeta Ezequiel en cap.34,4 “No han reanimado a la oveja agotada, no se han preocupado de la que estaba enferma, ni curado a la que estaba herida, ni han traído de vuelta a la que estaba extraviada ni buscado a la que estaba perdida. Y a las que eran fuertes, las han conducido en base al terror.”  Ez 34, 10-11 “Yavé habló: Me dirijo directamente a los pastores para quitarles mi rebaño. Ya no serán más los pastores, porque sólo se preocupan de sí mismos… por eso ¡aquí estoy, soy yo! Vengo en busca de las ovejas, yo me ocuparé de ellas… Ez 34, 16 “Buscaré a la que esté perdida, volverá a traer a la que está extraviada, curaré a la que esté herida, reanimaré a la que esté enferma, velaré por la que esté sana; las cuidaré con justicia”
ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA RELACIÓN DE CUIDADO CUALQUIERA SEA LA ENFERMEDAD
1-LA PRESENCIA:  De la persona con su cuerpo, su rostro, su mirada. Estos pueden ser médico, pastor sacerdote, amigo o parientes.
Uno se puede hacer presente a través de la voz en el teléfono, con el sentimiento a través de una carta, en espíritu a través de la oración. Nada puede sustituir la presencia física. Mt 25 “Estuve enfermo y me fueron a ver”.
                2- EL TIEMPO: Es distinto de una persona sana que de el enfermo. Para el que tiene salud se llena de acciones, trabajos, proyectos, no le alcanza el tiempo. Para el enfermo el tiempo es largo, sobre todo para quien está en cama de reposo, por eso es importante acompañar al enfermo siempre.
                3-LA PALABRA:  La simple presencia, aunque sea silenciosa es de por si una palabra, elocuente, así como el tiempo dedicado a un enfermo.
No siempre es necesario hablar, no debe haber apuro frente al enfermo, es bueno estar con la persona, sentirse vecino, cercano, y como dice el libro del Eclesiastés  3, 7 “Hay un tiempo de callar y un tiempo para hablar”
Nada de hablar frente al enfermo, n o hablar de la enfermedad, de programas o actividades. Tiene preferencia la palabra del enfermo. Que todo sea para animarlo.
4- EL GESTO: Un gesto de amor es más que muchas palabras. Una bendición, un apretón de manos, una caricia, un beso. Mt 13 10,16 “…No quieren ver con sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón… pero con eso habría conversión y yo los sanaría”.
Para una educación de pastoral clínica nos podemos guiar con el documento  Optatam Totius ( sobre la formación del ministro también para atender la dura realidad de los enfermos) del Vaticano II y Pastores Dabo Vobis números  72-76-77.
En Jesús y sus actitudes podemos encontrar también un modelo de formación pastoral. Elige y acompaña un pequeño grupo de personas, los lleva a un conocimiento gradual de la verdad y los prepara para que irradien al mundo sus enseñanzas: “Mira con profundidad – siente compasión – los toca – etc.”
En estas fechas de navidad y año nuevo en que el recuerdo y la melancolía de familiares y amigos nos invade; sería bueno que pongamos en práctica el testimonio de LAS PRESENCIAS para acompañar a quien está enfermo, acercarse con un gesto solidario a quien está solo, algún anciano muchas veces olvidado. Si nos animamos será una buena Noche Buena, y una feliz Navidad; como así un Feliz Año Nuevo.
El Emmanuel, el Dios con nosotros, nos bendiga y proteja.

17 DE DICIEMBRE ANIVERSARIO DE MI ORDENACION SACERDOTAL



“Predicar la fe con alegría y gritar al mundo la esperanza” fue mi lema de aquel 17 de diciembre de 1987 en Las Toscas Santa Fe. Monseñor Fabriciano Sigampa entoces obispo de la Diósecis de Reconquista ante unas 2.000 personas frente a la parroquia me consagraba para esta misión.
Cada día que pasa me convenzo más de la actualidad de este lema, frente a una sociedad disgregada, donde se pierden los valores de lo institucional, familiar, y de la persona y donde nuestra amada Iglesia tiene que renovarse en lo profundo de su ser, en especial  este Año de la Fe en que el Papa y los Obispos de América Latina nos invitan a ser discípulos y misioneros de Jesús con un testimonio elocuente, que irradie amor, ternura y compasión pero también con vigor y firmeza, dando a conocer los valores del Reino de Dios, en un mundo donde nada nos habla de Dios.


Desde este altar donde a menudo celebro la Eucaristía con las hermanas religiosas  y la comunidad educativa del Inmaculado corazón de Jesús y de María, en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires. Que simboliza el altar, un cáliz y la parte de atrás, una Hostia que se ofrece como sacrificio a Dios por toda la humanidad. Comparto con todos mis amigos y lectores este gozo de ser sacerdote ministro de los dones sagrados de Dios para su pueblo. Y agradezco las miles muestras de aprecio y cariño y cuánto valoran mi humilde servicio y persona entre ustedes.
Invoco la bendición y protección de Dios y La Virgen para todos Ustedes: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”
                                                                                                                  Conn todo mi afecto: P. Oscar







-->