La oración de vigilia, de espera de esta
noche es definida por San Agustín como: “la vigilia madre de todas las
vigilias” porque en esta noche el Señor Jesús ha pasado para salvar y liberar
al pueblo oprimido por la esclavitud, por el pecado. En esta noche Jesucristo
ha pasado a la vida nueva venciendo la gran enemiga del hombre, la muerte.
Un rumor corre desde siglos entre los
creyentes, rumor que no se ha terminado aún, es el testimonio de los que han
descubierto que Dios salva, que libera, que hace una promesa de futuro al
hombre, con una alianza eterna.
En esta noche se celebra el compromiso
adquirido por Dios, de hacer caminar unidos el cielo con la tierra. Es noche
para estar despiertos, en vela, porque estamos invitados a salir de la
esclavitud, a reformar la estructura de este mundo de pecado, a celebrar la
transformación del hombre nuevo.
Dentro de la estructura simbólica de la
celebración de hoy es posible leer el paradigma de la esencia cristiana de la
Pascua. Luz, Palabra, Agua. Puntos de referencias esenciales para una vida
nueva. Un cristiano está llamado a dejar atrás una vida de pecado y a ser
portador de Luz. (Efesios 5,8 y Colosenses 1,12-13)
Por eso, como primicia del proyecto
salvador de Dios, Cristo ha resucitado. Jesús de Nazaret ha entrado ya en el
futuro que aguarda todo hombre, Él participa ya de la nueva creación, es el
hombre nuevo creado en plenitud de vida y comunión.
La celebración de la fe cristiana
proclama primogénito de entre los muertos, prenda, regalo de nuestra propia
resurrección. Cantemos entonces con una vida renovada “un cántico nuevo a Dios
“que ilumina esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor. Feliz
Pascua!
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